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Hoy es un día para felicitarnos entre nosotras, porque somos las nietas de aquellas brujas, de esas grandes mujeres, de todas las locas que alzaron la cabeza, los puños y la voz.

Hoy es el día de Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Y, de todas las mujeres que siguen siendo asesinadas como ella hace más de doscientos años.

También es el día de Nellie Bly que, harta de columnas sexistas, decidió dar la vuelta a un mundo de hombres.

O, el de Marie Curie, la primera PERSONA en recibir dos premios Nobel. A ella le debemos los grandes avances en el campo de la radiación de neoplasias. Es difícil pensar que la misma radiación que acabó costándole la vida se la salve a millones de personas.

Hoy es el día de dar las gracias a Clara Campoamor, porque gracias a su empeño incesante ahora tu y yo podemos votar.

Y, a Amelia Earhart que, aunque no consiguió el primer viaje aéreo alrededor del mundo, sí logró enseñar a muchas niñas que podemos ser lo que nos dé la gana ser.

Como no, el 8 de marzo es el día de Frida, que además de un icono, también nos ha dejado sufrimiento, verdad, enfermedad, realidad, odio, crueldad, pena y dolor. Y, AMOR. Gracias, Frida, nos has dejado tus ganas de vivir, con todo lo que ello supone.

Y, gracias, Rita Levi-Montalcini, por enseñarnos que la mente cambia. Que no somos nuestro cuerpo, somos nuestra mente, y que ahí solo mando yo.

Hoy es el día de Teresa de Calcuta, que recibió elogios y críticas, homenajes y objeciones, pero nada la frenó nunca.

Y, el día de Rosa Parks, que no quiso ceder su asiento a un blanco en el autobús. Y, muchos días y años después entendemos como un simple “acto de rebeldía” tiene repercusión en un movimiento atemporal y sin fronteras, el de los derechos de las personas.

Gracias Emma Godoy, por acordarte que, aunque viejos, seguimos siendo personas.

Hoy es el día de Evita, la del discurso cercano en favor de los derechos sociales, la del sufragio femenino, los hospitales, asilos y escuelas.

El 8 de marzo es de Diana de Gales, de su foto junto a un enfermo de sida, de su impulso de la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona, de su Premio Nobel de la Paz. Polémica, carismática, cercana, humanitaria, aclamada y criticada, como las personas de verdad.

Y, gracias, Malala Yousafzai, por no dejar que esto muera, por acordarte de nuestras abuelas, por no tener miedo, por exigir que las niñas estén donde tienen que estar: en la escuela, aunque te intenten asesinar por ello.

Gracias por dar sin esperar.

“Bien vale la pena quemar la vida en aras de la solidaridad si el fruto será la paz del mundo y su felicidad aunque ese fruto madure, tal vez, cuando nosotros hayamos desaparecido” (Eva Perón).

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